Peaky Blinders, una serie destinada a convertirse en una obra de culto

Peaky_Blinders

Cuando se trata de recomendar una serie podemos fijarnos en diferentes parámetros que sostienen nuestra sugerencia; un diseño visual espectacular, una narrativa rica y repleta de detalles o un abanico de actores espectacular que aporte cohesión y verosimilitud a la obra que se está representando. En el caso de Peaky Blinders todos estos elementos mencionados bordean la excelencia. Se trata de una serie que no ha gozado de una gran campaña publicitaria en nuestro territorio -más bien lo contrario- y a pesar de ello ha conseguido ganarse el corazón de millones de aficionados en todo el mundo. Su puesta en escena nos ofrece un producto de plenas garantías que conseguirá devorar el tiempo libre del que disponemos casi en monopolio, situación que se prolongará hasta que la finalicemos.

Es un buen momento para iniciar esta obra, ya que recientemente Netflix ha estrenado su cuarta temporada, un hecho que ayuda enormemente a que la serie haya podido copar algunos titulares. Antes de seguir las desventuras de la familia Shelby es necesario contextualizar históricamente la obra, un ejercicio que ayuda a entender todas sus aristas. El argumento gira en torno a una banda de gánsteres establecida en Birmingham que se ubica temporalmente en el periodo de entreguerras, concretamente en el tiempo adyacente al final de la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un escenario complicado donde la conflictividad social estaba a la orden del día; muchas eran las personas que intentaban ganarse la vida como podían y en el caso concreto de Tommy Shelby -el protagonista- regentaba un local de apuestas hípicas. Sus actividades “extra-laborales”, relacionadas con el contrabando, lo colocan en el punto de mira de la policía y esta es la trama que da inicio a la obra. La antítesis a su personaje lo personifica el inspector jefe Chester Campbell, un detective que forma parte de la Real Policía Irlandesa, enviado desde Belfast hasta la ciudad-cuna de la Revolución Industrial para acabar con las actividades de los “Peaky Blinders”, banda que encabeza la familia Shelby. La fórmula ideada para crear la serie parece haber sido salida de la ávida mente del creativo ingeniero Charles Fey, ya que combina todos los elementos de manera magistral y los traslada con una autoridad terminante.

Una de las cosas que más impactan cuando se realiza el primer contacto con la serie es su puesta en escena. La fotografía es uno de los elementos más cuidados y los travellings que se realizan a la hora de mostrar la ciudad de Birmingham son espectaculares. La ciudad refleja de manera totalmente fidedigna la estética de entreguerras de las ciudades inglesas, con el grisáceo como tono imperante. El nivel de detalle es casi enfermizo, un elemento que ayuda a adentrarse en el drama histórico y que actúa como factor diferencial a su favor.

Su creador y guionista principal es Steven Knight, escritor que también participó en la realización del guión de la excelente Shutter Island. Peaky Blinders ha sido nominada en varias ocasiones a los premios BAFTA, destacando las cuatro nominaciones que obtuvo el año 2014, incluyendo la de Mejor Serie Dramática.

En cuanto a los actores que encarnan a los personajes, todos brillan con luz propia: Cillian Murphy, Paul Anderson, Helen McCrory, Joe Cole, Sophie Rundle, Ned Dennehy, Annabelle Wallis… pero quizás la cara más conocida es la de Sam Neill, cuyo papel más recordado es el del doctor Alan Grant en la saga de películas de Jurassic Park.

Finalmente hay que destacar un elemento que dota de una personalidad muy marcada a la serie, hablamos de su elección musical. Se puede pensar que una obra enmarcada en los años veinte debería ofrecer una música vintage que siga la línea del charlestón, pues bien, la serie opta por una vía altamente diferenciada que rompe con los arquetipos: la música rock. Bandas como Nick Cave and The Bad Seeds, autores del tema principal de la serie, o como los Arctic Monkeys, rompen el tono monocromático de la obra y la llenan de color, una mezcla que hay que describir como magistral.

Para acabar, una última recomendación: hay que disfrutar de la obra en versión original para captar los matices del acento inglés, un ejercicio difícil para los que están poco acostumbrados a leer subtítulos pero que al final se agradece enormemente. Peaky Blinders, una serie que está llamada a convertirse en una obra de culto -si no lo es ya. Altamente recomendable.

Escrito por Joan de Buen.

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