Stargate Fanfic: Yo Replicante (2/2)

Creé un mundo virtual para despojarla de sus irracionales prejuicios. Un mundo real en todo lo que respectaba a sus sentidos, en el que pudiera saborear la comida, oler las rosas y sentir el calor del tacto de otra persona… y donde pudiéramos coexistir, aunque sus ojos vieran a Pete Shanahan. Exploré su mente, la intrincada red de conexiones nerviosas de su cerebro, donde los impulsos eléctricos se transforman en ideas, sensaciones o dolores, en busca de esos lugares brillantes donde los humanos guardáis aquello que amáis. Rescaté todo lo que para ella era importante, hermoso o placentero, para incorporarlo a su nuevo mundo y que fuera feliz. ¿Cómo pudo no serlo? Sospechaba que todo era falso. Pero… ¿cómo puede ser falso algo que todos tus sentidos te dicen que es real? Si muerdes una fruta y sientes su frescura, la consistencia de su carne y la dulzura de su sabor en tu boca… ¿en qué se diferencia de una fruta real? Y lo que es más importante ¿por qué va a tener menos valor que su equivalente físico?
Es lo que nunca he llegado a entender de vosotros. Sois lo que vuestra mente os dicta; percibís el mundo como creéis que es, no como es realmente. Le dais un irracional valor a una realidad que apenas conocéis, que sólo intuís por las señales que os envían vuestros subjetivos y limitados sentidos. ¿Creéis que el color rojo es igual de intenso para unos que para otros? ¿Por qué a unas personas les agrada un sabor mientras que a otras les disgusta? Todo está en vuestra cabeza, vivís en un mundo virtual que vosotros mismos os habéis creado. Y a pesar de haber usado herramientas mucho más rudimentarias que yo, os atrevéis a afirmar que es mejor que el mío.
Pensé que la perfección sólo podría hallarse en el lugar intermedio donde se encuentran mi especie y la vuestra, y con un poder con el que ni vuestros dioses sueñan, creé a la que llamasteis la Replicante Carter.  En ella reuní todo lo que Samantha consideraba que la hacía humana junto con la infinita capacidad de creación de mi raza. Habría de ser mi compañera, aquella que conmigo redefiniría el universo bajo unos nuevos parámetros, mejores y más coherentes, que sacarían a vuestro mundo y a los demás del caos hacia el que se precipitaban. ¿Cómo podía haber sabido que la hice tan humana que acabaría siendo mi verdugo?
Abandonado y rechazado por mi raza y por la vuestra, sabiéndome superior a ambas y aún así suficientemente humano como para anhelar vuestra compañía, os contemplo con la desdicha que se desprende de la soledad más absoluta. En los últimos instantes de mi vida – esa cuya existencia os empeñasteis en negar – ceso en mi empresa de destruiros, como cesé en la de mejoraros. No hay lugar para mí en este universo, por más infinito que sea, ni en este tiempo. Recibo mi destrucción no con temor, sino con aquello que siempre fue mi estigma y mi milagro, la curiosidad. Y cuando mi vida se extinga, se me revelará el mayor de los secretos; si tengo un alma inmortal que trascienda a mi existencia física. Entonces nos encontraremos de nuevo en la otra vida.

FIN

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Hella

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